Cada vez que llega el otoño a Santiago de Chile, recuerdo por qué esta ciudad me genera tanto rechazo. No logro dimensionar hasta dónde será necesario llegar para que entendamos que esta ciudad se salió de cualquier estándar de sustentabilidad.

Para mi el tema es muy simple: Genaralmente hago deporte al aire libre. Con el pasar del tiempo he asumido que, inevitablemente, luego de cada salida al cerro dentro de Santiago, me pasaré un par de días tosiendo. Con mis hijos sucede lo mismo. Particularmente uno de ellos me supera en cuanto a su alergia respiratoria. Escucharlo toser me parte el corazón.

Pero bueno, mi mujer y yo ya nos aburrimos. Nuestra casa en Huechuraba ya está en venta. Nos vamos a Curacaví. Sólo espero que sea una buena solución y en un par de años más no haya que irse más lejos aún.

En algunas cosas he decidido hacer lo mío. Debo reconocer que mi nivel de “verde” no llega al nivel de Imaí (nuestra Directora de Contenidos), pero me considero un ser en evolución en cuanto a mi conciencia ambiental.

Hace algún tiempo estamos formando esta agencia y he decidido hacer algunas cosas que considero son buenas no sólo para el negocio, sino también para quienes trabajamos en ella y nuestro entorno.

Primero que nada, y tal vez lo más importante, hacemos TELETRABAJO. Esto significa que nos reunimos sólo dos veces por semana: una a revisar el avance de los proyectos y otra a idear formas de innovar en ellos. El resto del tiempo el equipo trabaja ya sea desde sus casas o se desplaza sólo cuando es necesario reunirse con clientes.

¿Qué beneficios tiene esto para nosotros y nuestra ciudad? Muchísimos. Sin embargo, hacerlo implica que la empresa posea condiciones que no cualquiera cumple. Sin duda dichas condiciones no son cosas “extraterrestres” y muchas veces tiene que ver con el “querer es
poder”.

Bueno, esto es lo que se está haciendo por acá. ¿Cómo vamos por tu lado?